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El trabajo de cuidados es el motor invisible de la economía global — y seguimos negándonos a pagarlo


El trabajo de cuidados es el motor invisible de la economía global — y seguimos negándonos a pagarlo

Cada día, en todo el mundo, se realizan miles de millones de horas de trabajo de forma silenciosa y sin reconocimiento. Se alimenta a niños, se cuida a personas mayores, se mantienen los hogares, se sostiene la estabilidad emocional.

Este trabajo es esencial. Es constante. Es la base sobre la cual se construye toda la actividad económica. Y, sin embargo, permanece en gran medida invisible.

Se estima que, a nivel global, se realizan alrededor de 16 mil millones de horas diarias de trabajo de cuidados no remunerado. La mayor parte de este trabajo lo llevan a cabo mujeres. Si se le asignara un valor económico, representaría una proporción enorme de la producción mundial — billones de dólares cada año.

Esto no es un tema secundario. Es la infraestructura oculta de la economía global.

Los sistemas económicos modernos se construyen sobre una contradicción: dependen del trabajo de cuidados, pero se niegan a reconocerlo como valor económico. Medimos la productividad, los ingresos y el crecimiento con creciente precisión, pero el trabajo que hace posible todo esto queda fuera del sistema.


En este punto surge una pregunta legítima: ¿qué ocurre con quienes aparentemente perderían en un sistema diferente?

Las consecuencias no son abstractas. Se acumulan a lo largo de toda una vida.

Quienes asumen una gran parte del trabajo de cuidados suelen ganar menos, ahorrar menos y acumular menos derechos de pensión. Con el tiempo, esto conduce a dependencia económica, menor seguridad y un riesgo significativamente mayor de pobreza en la vejez. Cuando estos efectos se hacen visibles —por ejemplo, tras un divorcio o al momento de la jubilación— el sistema ya ha extraído valor durante décadas sin compensación.

Cuando personas que han dedicado años al trabajo de cuidados no remunerado llegan a la vejez sin una pensión suficiente, esa brecha no desaparece.

El trabajo de cuidados no es simplemente trabajo no pagado. Está sistemáticamente excluido del reconocimiento económico.


A menudo se presenta como un asunto privado —una decisión personal o familiar—. Pero esta interpretación no resiste un análisis más profundo. Ninguna economía puede funcionar sin cuidados. No existe fuerza laboral sin alguien que la críe, la sostenga y la mantenga. El trabajo de cuidados no está fuera de la economía. Es su condición previa.

Esto plantea cuestiones de equidad y posibles desequilibrios estructurales.

Durante décadas, instituciones y personas investigadoras han señalado este problema. Han propuesto mejorar los sistemas de cuidado infantil, flexibilizar el trabajo y aumentar el reconocimiento social. Son pasos importantes, pero no abordan el núcleo del problema.

El eslabón que falta no es la conciensia. Es la medición.

Mientras el trabajo de cuidados no se traduzca en valor económico, seguirá estando estructuralmente infravalorado.


Sin embargo, existe una forma sorprendentemente sencilla de abordar esta cuestión.

Imaginemos un sistema en el que cada hora de trabajo de cuidados se registre y se traduzca en derechos económicos —por ejemplo, en créditos de pensión. Si el trabajo de cuidados se convierte en valor de pensión, ese valor debe provenir de algún lugar.

El principio es claro: el tiempo dedicado al trabajo de cuidados no remunerado se valora de forma proporcional en relación con los ingresos de la persona principal generadora de ingresos dentro de la misma unidad económica.

Si alguien trabaja a tiempo parcial pero dedica, además, 30 horas semanales al cuidado de hijos, al hogar o a personas dependientes, esas horas dejan de ser económicamente irrelevantes. En su lugar, generan un valor medible que se refleja en la seguridad financiera a largo plazo.


Solo se contabiliza el trabajo de cuidados realmente realizado. Si una parte se externaliza —por ejemplo, mediante servicios de cuidado o ayuda doméstica remunerada—, el sistema se ajusta automáticamente.

Este modelo sería neutral en términos de género. No dependería de roles tradicionales ni de suposiciones culturales. Simplemente reflejaría la realidad.

Desde el punto de vista técnico, no es complejo. Los datos necesarios ya existen en la mayoría de los sistemas fiscales y de seguridad social: ingresos, horas de trabajo, estructuras familiares. No falta infraestructura, sino la decisión de utilizarla de otra manera.

Un sistema que tenga en cuenta el trabajo de cuidados desde etapas tempranas de la vida no generaría cargas completamente nuevas. Redistribuiría las existentes de forma más transparente y más justa a lo largo del tiempo.


Además, existen beneficios potenciales para la sociedad en su conjunto —incluyendo a quienes generan mayores ingresos— que a menudo se pasan por alto. Si menos personas caen en la pobreza en la vejez, disminuye la presión sobre los sistemas públicos. Menores costes sociales pueden traducirse en menor carga fiscal a largo plazo. Una mayor independencia económica dentro de los hogares puede reducir conflictos y aumentar la estabilidad.


Desde esta perspectiva, no se trata de pérdidas, sino de estructura y de momento.

Por supuesto, un sistema así requeriría un diseño cuidadoso. Se podrían introducir mecanismos de protección para evitar cargas desproporcionadas. Umbrales, límites y modelos de responsabilidad compartida garantizarían flexibilidad y equidad. La integración con los sistemas fiscales existentes permitiría mecanismos de compensación.

Ninguno de estos desafíos es insuperable.


Lo que realmente importa es el principio fundamental:que los sistemas económicos reflejen las contribuciones reales, no solo aquellas que han sido monetizadas.

No nos faltan datos. No nos faltan herramientas.

Lo que falta es la voluntad colectiva de replantear qué entendemos por valor.

Esto nos lleva a preguntas difíciles de evitar:

¿Por qué el trabajo de cuidados no remunerado sigue estando excluido de los sistemas de pensiones en la mayoría de los países?¿Por qué medimos con precisión la producción económica, pero ignoramos el trabajo que la hace posible?¿Por qué décadas de trabajo esencial pueden traducirse en inseguridad financiera en la vejez?


Y, quizá la más importante:

¿Qué tipo de sistema queremos realmente?

¿Uno que extrae valor sin reconocerlo?¿O uno que alinea sus estructuras económicas con la realidad?


El trabajo de cuidados no es secundario a la econimßia. Es lo que la hace posible.

Mientras esto no se refleje en la forma en que medimos y distribuimos el valor, nuestros sistemas seguirán siendo, en esencia, incompletos.


Invitación a participar

Este artículo pretende ser un punto de partida, no una solución cerrada.

Si tienes ideas, críticas, enfoques alternativos o consideraciones prácticas, te invitamos a compartirlas en los comentarios de este blog.

¿Qué aspectos de este sistema te parecen viables?¿Dónde ves posibles dificultades o efectos no deseados?¿Cómo podría adaptarse a diferentes países y contextos culturales?

En función del interés y de la calidad del debate, en el futuro podría abrirse la posibilidad de desarrollar y poner a prueba ideas como esta dentro del próximo Eticania Creative Campus — un espacio participativo para diseñar y perfeccionar conjuntamente modelos sociales del futuro (actualmente en desarrollo).


Referencias


World Economic Forum. (2023). Workforce gender gap and unpaid care work. Retrieved from https://www.weforum.org/stories/2023/04/workforce-gender-gap-crisis/

World Economic Forum. (2024). The future of the care economy. Retrieved from https://www.weforum.org/stories/2024/10/caring-care-economy-key-growth-and-well-being/

United Nations Department of Economic and Social Affairs. (2025). Invisible yet indispensable: Why the world runs on women’s unpaid care work. Retrieved from https://social.desa.un.org/world-summit-2025/blog/invisible-yet-indispensable-why-the-world-runs-on-womens-unpaid-care-work

International Labour Organization. (2024). Unpaid care work prevents women’s participation in the labour market. Retrieved from https://www.ilo.org/resource/news/unpaid-care-work-prevents-708-million-women-participating-labour-market

OECD. (2025). Gender equality in a changing world: Persistent gaps in paid and unpaid work. Retrieved from https://www.oecd.org/en/publications/gender-equality-in-a-changing-world_e808086f-en/full-report/persistent-gender-gaps-in-paid-and-unpaid-work_cb137837.html

 
 
 

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