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¿Están las redes sociales desplazando el desarrollo de las habilidades prácticas para la vida?


Cómo la economía de la atención está cambiando nuestra capacidad de concentrarnos y por qué esto se ha convertido en una cuestión ética.


Nunca antes en la historia los jóvenes habían tenido acceso a tanta información, tantas oportunidades de aprendizaje y tantas formas sencillas de comunicarse con personas de todo el mundo. Al mismo tiempo, nunca había sido tan fácil distraerse del mundo real. Hoy en día, adolescentes y adultos jóvenes pasan varias horas al día en plataformas como TikTok, Instagram, Snapchat y otras similares. Aunque estas plataformas afirman que conectan a las personas, ofrecen posibilidades prácticamente ilimitadas de entretenimiento y permiten a los usuarios expresar su creatividad, cada vez existen más indicios de que un uso muy intensivo puede estar asociado con alteraciones de los hábitos de sueño, un aumento de la procrastinación, una menor capacidad de concentración, dificultades para la autoorganización e incluso un mayor riesgo de presentar síntomas depresivos.

Esto plantea una pregunta importante:


¿Están las redes sociales provocando realmente que los jóvenes pierdan habilidades esenciales para la vida?


La atención se ha convertido en uno de nuestros recursos más valiosos. La mayoría de las redes sociales son gratuitas. Sin embargo, pagamos con algo diferente: nuestra atención.

Cuanto más tiempo permanece una persona en una plataforma, más anuncios pueden mostrarse y mayores son los ingresos de la empresa. Por ello, las compañías invierten miles de millones en desarrollar algoritmos diseñados para mantener nuestra atención durante el mayor tiempo posible. Entre estos mecanismos se encuentran el desplazamiento infinito (infinite scroll) mediante contenidos personalizados, las recomendaciones adaptadas a cada usuario, las notificaciones (push notifications), los "me gusta" y otras formas de validación social que funcionan como recompensas variables. Estos mecanismos no son ningún secreto. Forman parte del modelo de negocio de la llamada Economía de la Atención (Attention Economy).


¿Qué demuestra la evidencia científica?

La investigación muestra de forma bastante consistente que un uso muy intensivo de las redes sociales se asocia estadísticamente con peor calidad del sueño, mayor procrastinación, menor autorregulación, mayor impulsividad y más dificultades para mantener la atención durante períodos prolongados.

Los adolescentes y las personas con TDAH parecen ser especialmente vulnerables a un uso problemático.


¿Qué se considera probable?

Muchos investigadores también consideran probable que determinados mecanismos de diseño de estas plataformas puedan reforzar estas dificultades. En particular, las recompensas variables, las recomendaciones personalizadas y el desplazamiento infinito utilizan conocimientos de la psicología del comportamiento con el objetivo de mantener a los usuarios conectados durante el mayor tiempo posible.


¿Qué sigue sin estar claro?

Todavía no se ha demostrado que las redes sociales hagan realmente a las personas "menos inteligentes" ni que las plataformas persigan deliberadamente una manipulación de la sociedad. El verdadero problema podría encontrarse en otra parte.

Actualmente, numerosos investigadores analizan la denominada Hipótesis del Desplazamiento (Displacement Hypothesis), que plantea una pregunta muy sencilla:


¿Qué ocurre durante el tiempo que pasamos desplazándonos por las redes sociales... y qué deja de ocurrir como consecuencia de ello?


Cada hora dedicada a las redes sociales puede ser también una hora menos para hacer deporte, leer, tocar un instrumento, cocinar, realizar voluntariado, mantener conversaciones personales, aprender idiomas, desarrollar la creatividad, adquirir habilidades prácticas para la vida o simplemente compartir tiempo con la familia. Las habilidades para la vida no se adquieren observando. Se desarrollan haciendo.


Executive Functions - ¿Qué son exactamente?

Las funciones ejecutivas constituyen el fundamento de muchas de nuestras habilidades para la vida. Muchas de las capacidades que necesitamos para vivir de forma autónoma y responsable dependen de las llamadas funciones ejecutivas. Entre ellas se encuentran la capacidad para dirigir la atención, controlar los impulsos, establecer prioridades, planificar, iniciar tareas, perseverar y regular las emociones. Estas capacidades se desarrollan a lo largo de muchos años mediante la práctica y las experiencias de la vida cotidiana. Precisamente por ello, los investigadores se preguntan hoy si una atención constantemente fragmentada debido al uso intensivo de las redes sociales podría influir a largo plazo en estas funciones. Ya existen indicios interesantes, pero todavía no hay respuestas definitivas.

 

¿Nos estamos volviendo realmente menos inteligentes?

Durante casi cien años, los resultados promedio de numerosas pruebas de inteligencia aumentaron de forma continua, un fenómeno conocido como el Efecto Flynn (Flynn Effect).

Sin embargo, en los últimos años, investigadores de varios países industrializados han observado un estancamiento e incluso un ligero descenso en algunos resultados de pruebas cognitivas. Este fenómeno se conoce como el Efecto Flynn Inverso (Reverse Flynn Effect).

Todavía se está investigando si los medios digitales desempeñan un papel en esta evolución, pero por el momento no existe una respuesta científica concluyente. Los cambios en los hábitos de ocio, el uso de los medios digitales y las transformaciones sociales parecen contribuir conjuntamente a este fenómeno. Esto plantea una pregunta especialmente interesante:


¿Las tecnologías digitales simplemente están cambiando la forma en que procesamos la información o también están influyendo, a largo plazo, en nuestra capacidad para pensar de manera profunda y concentrada?

 

Hasta aquí la ciencia. Ahora, la perspectiva ética.

Si las empresas obtienen beneficios económicos porque consiguen captar la mayor cantidad posible de atención humana, ¿qué responsabilidad tienen hacia los grupos especialmente vulnerables, como los niños, los adolescentes o las personas con TDAH? Pero también surge otra pregunta:


¿Qué responsabilidad tienen los padres, las escuelas, los responsables políticos y nosotros mismos como usuarios?


Nuestro objetivo no debería ser prohibir las redes sociales ni frenar la innovación tecnológica. Debemos conservar la libertad de elegir. Pero la libertad también significa poseer la capacidad de tomar buenas decisiones. Y esa capacidad debe aprenderse.

Por ello, las preguntas que deberíamos plantearnos son, sobre todo, de carácter práctico:


¿Cómo podemos conservar las ventajas de las tecnologías digitales sin perjudicar el desarrollo de la autonomía, la responsabilidad y las habilidades prácticas para la vida, especialmente entre los jóvenes?


¿Es la atención un recurso que merece protección? ¿Cómo podría ser una red social que fuera económicamente rentable y, al mismo tiempo, favoreciera el desarrollo de las habilidades para la vida? ¿Dónde termina un buen diseño de producto y dónde comienza la manipulación? ¿Qué responsabilidades comparten las plataformas, los padres, las escuelas y los propios usuarios? ¿Deberían regularse con mayor firmeza las tecnologías persuasivas cuando están dirigidas a menores de edad? ¿Son las redes sociales simplemente una herramienta cuyos efectos dependen del uso que hacemos de ellas? ¿O tienen las plataformas una responsabilidad especial cuando sus modelos de negocio dependen de mantener nuestra atención durante el mayor tiempo posible?


Esperamos conocer sus opiniones en los comentarios.

Las aportaciones especialmente fundamentadas y constructivas podrán, por supuesto de forma anónima y adaptadas al contexto, servir en el futuro como base para debates y simulaciones dentro del Eticania Creative Campus. Quizá una de esas ideas contribuya algún día a la forma en que jóvenes de todo el mundo reflexionen y debatan sobre este tema.

Porque Eticania no pretende ser una colección de respuestas definitivas, sino una invitación a formular mejores preguntas, juntos.

 

REFERENCIAS


Diamond, A. (2013). Executive functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-113011-143750


Bratsberg, B., & Rogeberg, O. (2018). Flynn effect and its reversal are both environmentally caused. Proceedings of the National Academy of Sciences, 115(26), 6674–6678. https://doi.org/10.1073/pnas.1718793115


Odgers, C. L., & Jensen, M. R. (2020). Annual Research Review: Adolescent mental health in the digital age: Facts, fears, and future directions. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 61(3), 336–348. https://doi.org/10.1111/jcpp.13190


Orben, A. (2020). The Sisyphean cycle of technology panics. Perspectives on Psychological Science, 15(5), 1143–1157. https://doi.org/10.1177/1745691620919372


Valkenburg, P. M., Meier, A., & Beyens, I. (2022). Social media use and its impact on adolescent mental health: An umbrella review of the evidence. Current Opinion in Psychology, 44, 58–68. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2021.08.017


U.S. National Institutes of Health. (ongoing). Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD) Study. https://abcdstudy.org/


United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (UNESCO). (2023). Guidance for generative AI in education and research. https://unesdoc.unesco.org/


Haugen, F. (2021). Testimony before the United States Senate Committee on Commerce, Science, and Transportation. https://www.commerce.senate.gov/

Center for Humane Technology. (n.d.). The Attention Economy. https://www.humanetech.com/

(Recurso práctico y de contexto; no se trata de una publicación científica revisada por pares.)

 

World Health Organization. (2024). Growing up in a digital world: Health Behaviour in School-aged Children (HBSC) study. https://www.who.int/



 
 
 

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